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martes, 3 de julio de 2012

Mi segunda vida_Capitulo Treinta y tres

5 comentarios:
 
Mi segunda vida.
Summary: Cuando Edward dejó a Bella, lo hizo con la esperanza de que ella tuviera una humana y feliz vida… ¿Qué hubiera ocurrido si ella así lo hubiera planeado, a no ser por un minúsculo detalle?
Disclaimer: -Nunca lo aclaro, pero no está demás hacerlo-. Los personajes no son míos –I fucking wish- son de Meyer. La 'blasfemia' que están a punto de leer, sí es mía. XD


La primera caza
Bella POV

Nos detuvimos en seco cuando llegamos a orillas del río al cual yo muchas veces visitaba para aclarar mis pensamientos. Giré mi rostro a él, y lo miré confundida.
—¿Nadaremos? —Edward sonrió divertido antes de negar con la cabeza.
—¿Y estropear tu hermoso atuendo? Claro que no. —Me guiñó un ojo divertido, a lo que yo respondí con una media sonrisa. Si hubiera sido humana, mi corazón hubiera sufrido un lapso ante sus palabras, y de seguro, mi rostro habría sido de una tonalidad profunda de rojo.
—Saltaremos… —Dijo con diversión mientras retrocedía unos tres pasos. Reí sin poder evitarlo mientras me cruzaba de brazos sacudiendo la cabeza.
—Tú primero. —Dije con un eje de inseguridad escondida entre mis risas y la estúpida sonrisa que no se iba de mi rostro mientras lo observaba retroceder.
Edward volvió a guiñarme un ojo desde su posición antes de correr sobre sus pasos y tomar impulso desde una piedra a orillas del río, saltando hacia el otro lado de forma perfectamente elegante y deslumbrante. Su cuerpo se perdió entre los árboles del otro lado del río.
Suspiré embelesada mordiéndome el labio inferior. ¿Acaso nunca dejaría de ser tan perfecto, ni siquiera al momento de saltar una enorme extensión de río? No, claro que no. Él seguía siendo Edward Cullen.
Sacudí mi cabeza volviendo a la realidad al escuchar su socarrona y divertida risa.
—Fanfarrón. —Musité sonriente mientras retrocedía unos cinco pasos.
Oí la confusión de Edward en sus pensamientos por mi acción, a lo que solo solté una seca y corta risa antes de respirar profundo y lanzarme a correr.
Al igual que Edward, tomé impulso de aquella piedra que yacía perfectamente encajada a orillas del río, y salté alto. Quizás… demasiado alto para lo debido y conveniente. Por lo que cuando visualicé, en menos de una milésima de segundo, la figura de Edward parado debajo de mí, logré tomarme de una de las ramas del árbol que había a su lado, y comencé a deslizarme hacia abajo hasta que mis pies tocaron el suelo, a unos pocos centímetros de donde Edward estaba parado.
Cuando llegué al suelo, bufé al verme cubierta de tierra, e intenté quitármela bajo su atenta mirada. Al ver que no había caso, me paré derecha y comprobé su mirada atónita puesta en mí.
—¿Qué? —Pregunté encogiéndome de hombros.
—Bella… —Murmuró Edward sorprendido antes de respirar profundamente, mientras me miraba con los ojos oscurecidos, y con un extraño brillo en ellos que no podía definir de qué se trataba. —Eso ha sido…
—Oh. Mi. Dios. —Ambos nos volteamos al escuchar aquella cantarina voz. Alice y Jasper estaban sentados sobre una rama en lo alto de un árbol, y una resplandeciente sonrisa estaba plasmada en sus rostros.
—Bella… ¡Eso ha sido hermosamente elegante! —Chilló una Alice sonriente mientras bajaba del árbol, seguida obviamente por Jasper.
—Quizás, demasiado elegante si es de Bella Swan de quien estamos hablando… —Jasper me guiñó un ojo mientras su sonrisa divertida y bromista se asomaba por un costado de sus labios.
Lo miré divertida alzando una ceja mientras Alice reía animada. Edward solo bufó cruzándose de brazos ante el comentario “ofensivo”, según sus pensamientos, de Jasper hacia mí.
—Tranquilo, Edward. Solo fue una broma… —Dijo Jasper en dirección al aludido con calma.
—Pues yo no lo vi como broma. —Contraatacó Edward con seriedad mientras rodeaba mi cintura con sus brazos por detrás. Alice rió aún más animada, yo solo sonreí.
—Tranquilo, amor. —Intenté calmarlo acariciando sus manos que me pegaban a su cuerpo. Él suspiró profundo. —¿Qué hacen ustedes aquí? —Le pregunté a Alice cambiando de tema.
—Quería saber cómo estabas… Ya que ahora NO me dejas tener visiones con respecto a ti, necesitaba ver con mis ojos que estabas bien. —Contestó sonriendo, pero también en forma de protesta, mi mejor amiga. Sonreí bajando la mirada.
—Si me dejo encontrar, encontrarán también a mi familia… —Suspiré mientras toda sonrisa se iba de mi rostro. —Y a ustedes… —Sumé dándome cuenta del peligro. Edward apretó su abrazo apoyando su mentón en mi hombro. Volví a suspirar intentando calmar mi preocupación. —No puedo arriesgarme, Alice.
—Tranquila. Entiendo… —Me sonrió asintiendo. —Okey, hora de irnos, Jazz. ¡Nos vemos luego en la casa! —Gritó mientras corrían dirección a mi casa. Sonreí percatándome de todo.
—Eleazar y Carmen saben lo que ocurrió, ¿cierto? —Le pregunté a Edward en tono obvio.
Él suspiró sonriendo. —A ti no se te escapa nada, ¿cierto? —Dijo divertido girándome a él. Rodeé su cuello con mis brazos sonriendo mientras negaba con la cabeza y me acercaba a sus labios.
Él acortó con la distancia y me besó. Suave y lento, pero profundo. Nunca antes me había besado así, casi sin ningún atisbo de temor ni de querer detenerse. Y sin pensarlo le correspondí, pegándome más a él. Era casi imposible no hacerlo, sus besos eran mi adicción.
Edward rodeó mi cintura con sus brazos, despegando mis pies de la tierra un poco sin dejar de besarme. Pero a los pocos segundos, me soltó, cortando con el beso y separándose de mí. Y pude notar que contra su propia voluntad.
—Tenemos que cazar algo, Bella. —Dijo alejándose sin mirarme al rostro y tragando pesado. —Si sigues sedienta, no será un buen… —Lo interrumpí molesta tomándolo del brazo para que dejara de alejarse. Y sabía por qué lo hacía.
—Edward… —Él me miró confundido ante mi enojo. —Ya no soy más una humana. Y yo… te deseo… —Protesté tomándolo del cuello y acercándome a besarlo. Él se sorprendió, pero al instante me correspondió tomándome de la cintura despegando por completo mis pies del suelo.
Realmente no supe lo que él pensaba, y no quise saberlo. Apenas podía con mis pensamientos, con lo que yo sentía, con lo que yo quería. Aunque lo tenía bien en claro…
A él. Yo lo quería a él. Lo deseaba, quería que fuera mío. Completamente mío… Y sus acciones también me lo confirmaban. No sabía en qué momento, pero habíamos acabado en el suelo. Una de sus manos sosteniéndome la pierna alrededor de su cintura, y la otra en mi espalda, acariciándome sobre la ropa. Sus labios, creando una hermosa y sensual danza junto con los míos mientras sus manos me tomaban con fuerza. Él también me quería, me deseaba.
Comencé a desprenderle su camisa sin dejar de besarlo, pero él no hacía nada más que besarme o acariciarme sobre la ropa, por lo que comencé a desprenderme yo misma mi camisa a cuadros.
—Bella, detente. No intentes quitarte la ropa… —Dijo con la respiración agitada, aunque en realidad era solo por costumbre, sin alejarse demasiado.
—¿Quieres hacerlo tú? —Pregunté de igual forma, aunque además algo perpleja.
—No ahora… —Esas dos palabras se sintieron como un baldazo de agua fría. Estábamos a escasos centímetros de distancia, y solo nos bastó unos segundos para darnos cuenta la posición en la que estábamos y en la situación que no iba a ocurrir.
Nos separamos lentamente, pero sin alejarnos demasiado. Suspiré sin poder mirarlo al rostro, si hubiera sido humana, ¡mi Dios! Mi rostro sería más de color morado que rojo. Y en ese momento, así con la rapidez con la que confiaba en que él me amaba, la duda de si realmente me deseaba me llenó.
—Tu… tu no… —Él suspiró confundido, pero yo aún no lo miraba. ¿Podía ser posible que él no me quisiera de esa manera? Suspiré sacudiendo la cabeza. —Olvídalo.
Edward tardó solo unos segundos en darse cuenta a qué me refería, y cuando lo hizo, bufó molesto mientras sentí sus manos tomarme el rostro y levantarlo para poder mirarlo a los ojos. Los cuales me hicieron paralizar cuando los vi. Negros, llenos de pasión y deseo.
—No tienes una idea de cuánto te amo, de cuánto de deseo, Isabella. —Dijo serio mirándome, desarmándome con su mirada. Y sentí mi muerto corazón dar un estruendoso y largo latido por sus palabras. —Pero este no es el momento, ni el lugar… —Su tono y su mirada se suavizaron, y sus manos bajaron hasta encontrar las mías sobre mi regazo. Entrelacé mis dedos con los suyos y le sonreí ligeramente asintiendo mientras me acercaba y lo besaba con dulzura. Él sonrió.
—Anda, vamos a cazar algo. —Dije poniéndome en pie y obligándolo a él a hacerlo, intentando romper con aquel tenso momento. Y comenzamos a correr.
Aún con mi década y media de haber sido transformada, el correr por el bosque me era toda una aventura. Estaba mucho más vivo de lo que siempre supuse, lleno de pequeñas criaturas cuya existencia nunca habría adivinado. Todos se quedaban en silencio tras nuestro paso, con el aliento contenido por el miedo. Los animales tenían una reacción mucho más sabia a nuestro olor que los humanos. Siempre alertas, atentas al peligro que podía acecharlos. Una reacción totalmente contraria a la que los humanos poseían.
—Bella. —Me llamó Edward desacelerando el paso, obligándome a mí también a hacerlo ya que íbamos de la mano. Lo miré confundida. —¿Planeas quedarte en el país? —Dijo en tono burlón. Revolee mis ojos sonriendo divertida mientras nos quedábamos estáticos.
—¿Qué planeas cazar?
—Alces. —Lo miré alzando una ceja. ¿En serio prefería cazar esos aburridos animales en vez de algún felino? Suspiré asintiendo, dándome por vencida cuando sentí mi garganta rasposa por la ponzoña.
Y en ese momento, a tan solo unas ramas más arriba de donde nos encontrábamos, se escuchó un crujido. Sonreí cuando reconocí el aroma del puma. En ese instante, me perdí. Había encontrado algo que me gustaba, estaba sedienta, y en menos de un parpadeo, me encontraba a dos ramas por encima del puma, mientras Edward hacía de carnada en el mismo lugar.
Podía oír sus pensamientos en desacuerdo a mi comportamiento, pero según él, seguía siendo joven, por lo que eran entendibles mis acciones. Sacudí mi cabeza bloqueándome a mí misma, y concentrándome en la cacería que ya había comenzado. Luego hablaríamos, ya que tan pronto como comencé a pensar en la reseca quemazón de mi garganta, se convirtió en lo único en lo que podía pensar, y cada vez se ponía peor. Tenía la boca como si fueran las cuatro de la tarde en pleno junio en el Valle de la Muerte.
Con un pequeño impulso, volé por el aire y aterricé al lado del puma. El sintió temblar la rama y se giró, chillando de sorpresa y desafío. Cerró el espacio que había entre nosotros, con los ojos brillantes de furia. Yo, que estaba ya medio enloquecida por la sed, ignoré sus colmillos expuestos y las garras engarfiadas y salté sobre él, derribándolo hasta caer al suelo del bosque.
No fue una gran lucha. A pesar de siempre fuera un completo desastre al momento de cazar, mis dientes buscaron certeros su garganta y su resistencia instintiva fue lamentablemente débil contra mi fuerza. Encontré con facilidad el punto preciso donde el flujo de calor se concentraba y succioné febrilmente, como si mi eternidad dependiera de ello.
El puma murió antes de que yo terminara. La sed ardió de nuevo cuando se quedó seco, y yo aparté lejos de mi cuerpo su carcasa vacía, disgustada. ¿Cómo podía sentirme sedienta después de todo esto?
Me erguí completamente derecha en un solo movimiento rápido. Una vez de pie, me di cuenta de que estaba hecha un desastre, ni siquiera con Edward presente dejaba de ser desastrosa. Me limpié la cara con el dorso del brazo e intenté arreglarme la ropa llena de tierra, y me percaté de las pequeñas rajaduras de mi pantalón.
—Mmmm…. —Ronroneó Edward. Alcé la mirada y lo encontré reclinado con aire casual contra el tronco de un árbol, observándome con un gesto pensativo en el rostro.
—Creo que debería haberlo hecho mejor. —Me encogí de hombros suspirando. Según lo poco que recordaba, Edward no regresaba de sus expediciones de caza con el aspecto tan desaliñado como el mío.
—Lo has hecho estupendamente. —Me aseguró sonriendo torcidamente. —Es sólo que... ha sido mucho más difícil para mí observar de lo que debería haber sido. —Alcé una ceja, confundida. —Va en contra de mis principios, lo de dejarte luchar con pumas. No sabes el ataque de ansiedad que he sufrido durante todo el rato. —Explicó mientras caminaba hacia mí. Volví a encogerme de hombros sonriendo.
—Aún sigo sedienta… —Comenté mientras tragaba algo de ponzoña.
—Es normal. —Rió divertido acariciando mi mejilla una vez que había llegado a mí. —Aún eres joven.
Esta vez, yo reí divertida. —Tengo una década y media. —Dije en tono divertido con superioridad. —No soy una neófita.
Edward sonrió divertido. —Anda, sigamos de caza. —Resoplé.
—Okey, vamos a cazar algunos de los malolientes herbívoros.
Encontramos un gran rebaño de ciervos mientras corríamos de regreso a mi casa. Esta vez, él cazó conmigo. Me agarré un macho enorme, haciendo un desastre casi tan grande como el del puma. Edward acabó con dos antes de que yo hubiera terminado con el primero, sin que se le moviera un pelo de su sitio, y sin que le cayera ni una mancha en su camisa gris.
Luego perseguimos la manada aterrorizada y dispersa, pero en vez de alimentarme de nuevo, esta vez yo observé con cuidado cómo se las apañaba para hacerlo de un modo tan pulcro.
Todas las veces que había deseado ver a Edward cazar y que él nunca me hubiera dejado, lo agradecía. En definitiva, el verlo cazar lo mostraría ante mis ojos como el vampiro que era en realidad. Pero claro, resultaba muy distinto desde la perspectiva que ahora montaba, siendo vampira yo también. Aun así, dudaba de que incluso a mis ojos humanos, la belleza de todo esto me hubiera pasado desapercibida.
Era una experiencia sorprendentemente sensual observar cazar a Edward. Su salto suave era como el ataque sinuoso de una serpiente. Sus manos eran tan seguras, tan fuertes, tan por completo ineludibles... Sus labios llenos lucían perfectos cuando se separaban gráciles para mostrar sus dientes relumbrantes. Era glorioso. Sentí un estremecimiento tanto de deseo como de orgullo. Era mío. Nada lo separaría de mí a partir de ahora. Era demasiado fuerte para que nadie pudiera arrancarme de su lado.
Cuando terminó de cazar, se volvió hacia mí y observó con curiosidad mi mirada de deleite.
—¿Ya no tienes más sed? —Me preguntó. Yo me encogí de hombros.
—Me distrajiste. Eres mucho mejor en esto que yo.
—Siglos de práctica… —Me guiñó un ojo sonriendo. Sus ojos mostraban un encantador y desconcertante matiz dorado en ese momento, lo cual me hizo suspirar como recién enamorada.
—Sólo uno. —Le corregí. Él se echó a reír.
—¿Terminado por hoy o quieres continuar?
—Terminado, creo… —Me sentía muy llena, incluso a punto de reventar, así que luego asentí segura y sonriente.
—Hora de ir a casa, entonces… —Dijo sonriendo antes de besarme la frente, tomarme de la mano y que ambos saliéramos corriendo de vuelta a mi casa.


 *asoma la cabeza por debajo del escritorio esperando la lluvia de tomates* :B
¿Holó? ¿Alguien a quien le siga interesando el fic? ^^
Bueno, les debo una ENORME disculpa... :c Realmente siento haberme tardado, pero he tenido muchas cosas que hacer y casi no tenía tiempo de sentarme a escribir, cosa que odié bastante. ¬¬
Ok, ¿alguna opinión del cap? ¿Les gustó?
¡Denme amor, mujeres! <3 :D
¡Las amo!
Peace. Out.
Ally C-B.

5 comentarios:

  1. copiaste todo el capitulo del libro amancer donde bella caza por primera vez!!

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  2. aaaaa me encanta no te demores tanto publicando el otro ya lo quiero leer

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  3. De verdad me encanto y no te preocupes aqui almenos yo estare esperando besos

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  4. me gusto y extañaba esta historia...........besos y cuidate

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  5. qien fuera tu gato o tu perro para arañarte ¬¬
    no tardes tanto en actualizar T_T
    q se me ba el ilo de la historia

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